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Novela Interactiva


 

Título de la entrada: UN ÁNGEL PERDIDO
Autor: Mari Carmen Azkona
Fecha de la entrada: Miércoles, 26 de Agosto de 2009
Lugar: BLOGGER

 



Capítulo 11 º

     El psiquiatra se quedo mudo. ¿Qué podía saber sobre la maldad una niña de tan sólo seis años? Con esa edad, tenía que ser feliz, soñar con princesas, con nubes de algodón... no con la muerte, ni con la maldad. En ese mismo instante, tomó la decisión de ayudar y proteger a esa frágil criatura. Salió de la habitación, dejando a Elvirita, un ángel perdido, mirando al infinito.
Junto a la puerta le esperaba Pablo, el padre de Elvirita. Mirando a sus ojos, el joven psiquiatra, pudo percibir la angustia y el dolor que inundaba su corazón.
     — Doctor Gutiérrez, ¿qué le ocurre a mi hija?
     Más que una respuesta, Pablo, suplicaba una esperanza que aliviara su pesada carga:
     – Ayúdeme, tras la perdida de mi mujer, si a Elvirita le pasara algo, yo no podría...
     — Llámeme Mario, por favor. Es pronto para hacer un diagnóstico, necesito tener más sesiones. En contra de lo que opinan mis colegas, no considero que su hija esté loca, ni creo que necesite ser internada. En estos momentos, Elvirita, necesita estar con gente que la quiera y en un ambiente en el que se sienta segura. Llévesela, yo acudiré gustoso a su casa.


     Mario acudía todas las semanas a ver a Elvirita. Tras varios meses, consiguió ganarse la confianza de la niña con juegos, cariño, y sobre todo, mucha paciencia. Algunos días, incluso creyó ver un atisbo de sonrisa en los labios de la pequeña.
     — Elvira, tienes que comprender que tú, no eres la culpable de la muerte de tu madre. Los accidentes existen, no lo podemos evitar.
     — Pero yo, no hice lo que la señora de negro me mandó, y entonces mamá... dijo que la haría daño.
     — Tú no conducías el coche que chocó contra el de tu madre. ¿Cuándo conociste a la señora?
     — Un día, en el recreo, me escapé al patio de los mayores. Había un grupo de personas, y en el centro estaba ella, daba mucho miedo. Me dijo que era la maldad, que tenía que poner la zancadilla a la monja. Los demás se reían.
     — Elvira cariño, piensa ¿No podrían ser alumnos mayores del colegio?
     — Yo no sé, quizás...
     Un atisbo de esperanza, un poco de luz al final del túnel.
     

     Pablo despertó sobresaltado: “¡El examen!”. Se durmió repasando el ejercicio práctico sobre…: “Elvira, el diez de noviembre de...”.


10 comentarios:

Alicia. 27 de agosto de 2009 01:17

     - Mari Carmen me alegro que hayas abandonado, momentáneamente, el blanco manto de La nieve en una nube de algodón. Has llegado a un lugar acogedor dónde, poco a poco, un sueño se está haciendo realidad y me alegra que tú formes también parte de él. En tú relato se habla de sueños imposibles al principio y como fin la posibilidad de soñar. Creo que Elvira empieza a cabalgar por el mundo de los sueños ya convertida en mujer. Al menos es lo que me sugiere su visita al patio de los mayores. En el camino para conseguirlo ha hecho falta esperanza, paciencia, cariño, confianza-todas aparecen en tu texto- y al final una luz que, a modo de antorcha en los juegos olímpicos, espero que alguien recoja para continuar esta maravillosa aventura. Me gusta tú aportación. Has pasado de puntillas y como si no te atrevieses a salvar definitivamente a Elvira, porque aunque yo lo intenté, ambas sabemos que la salvación sólo se conseguirá cuando Santiago, el gran padre del proyecto, nos reúna a todos en el Juicio Final. Besarkadatxu bat.


Emilio Porta. 27 de agosto de 2009 03:10

     - Muy, pero que muy interesante planteamiento y, sinceramente, magnífica historia. Cada escritor percibe a los personajes - o se los inventa - de una forma. Porque cada uno acepta o condena a sus propios fantasmas. El padre faltaba de su casa...pero no tenía por qué haber muerto, y , además, cada uno crea su propio entorno, en esta saga, partida y repartida, con su sello personal. Lo que me fascina es el final. La idea del sueño... "En la mente existen tantas calles como en la gran ciudad", se dice en una novela que me acompaña hace años. Nuestra ciudad, nuestras ciudades mentales de escritores, mezclan realidad e irrealidad con naturalidad y necesidad, y navegan en ambas sin distinguir entre ellas. Al final Elvira nos salvará a nosotros. Yo creo que será un final, abierto en las conclusiones y encerrado en un libro. Aunque lo encerrado en un libro lo hace escapar y volar siempre, no el autor, sino el lector.


Mari Carmen. 27 de agosto de 2009 14:17

     - Querida Alicia: Las ilusiones, como las risas son contagiosas. Viví con ilusión el final del proyecto de Atmósferas, junto a ti y ahora tengo el libro entre mis manos. Me acerqué con ilusión hasta la nieve, donde descubrí un mundo, en el que ya no era una mera espectadora. Encontré un refugio donde podría aportar un pequeño granito de arena, en este inmenso mundo de la literatura. Cuando me hablaste ilusionada de este proyecto, ni me lo pensé. ¿Cómo no cooperar en un proyecto, donde además me divierto? Hasta los proyectos más extravagantes han tenido éxito ¿porqué éste tenía que ser distinto? Lo único que espero es haber sido de ayuda para que Santiago consiga ver realizado su sueño. El mío ya se ha realizado. Un abrazo.


Mari Carmen. 27 de agosto de 2009 14:48

     - Emilio, gracias por tu comentario. Me parece una experiencia maravillosa observar, como partiendo de un mismo punto, cada uno tomamos caminos diferentes. En estos retos, se puede admirar la capacidad que tiene la mente humana, lo distintos que somos, y cómo se pueden unir los dispares para un mismo fin. Para una escritora novel como yo, y tras el difícil comienzo que nos aportó Santiago, Elvirita se ha salvado. Un abrazo.


Alicia. 27 de agosto de 2009 16:28

     - Mari Carmen, tú, tal vez Emilio Porta y yo sabemos que alguien ya se está salvando. Simplemente llegar hasta aquí con ilusión ya mereció la pena. Un abrazo.


Santiago Solano. 28 de agosto de 2009 01:44

     - Estimada Mari Carmen. Estoy de acuerdo en todo lo que ha apuntado Emilio Porta de tu relato. Me parece realmente fascinante. Por tres cosas. 1.- Porque nadie hasta ahora había hablado de la figura paterna en positivo, y tú lo haces. 2.- Porque planteas claramente el Complejo de Electra, esa atracción sexual en la infancia hacia la figua paterna. Si unimos cabos podríamos decir que en Elvirita es tan fuerte que incluso piensa en el asesinato de su madre. Unirías pues este discurso tuyo con el comentario de Manuel en el blog de Javier en el que habla de una niña sexualmente potente. 3.- Porque el final es tremendo. Todo ha sido nada: un sueño. Felicidades y gracias por tu texto que, sin duda, entra en de lleno en el desarrollo de la multiplicidad de trama que pretendemos. Un saludo cordial.


Mari Carmen. 28 de agosto de 2009 08:24

     -Me siento halagada por tu comentario. Soy una gran lectora, no recuerdo un sólo día que no haya tenido un libro entre las manos. Adoro los libros, hasta el punto, de que no me gusta que me los dejen, tengo que poseerlos. Siempre sentí envidia por esas personas que eran capaz de emocionarme, hacerme reír, etc. Imaginaba que se sentiría, escribiendo para que otras personas lo leyeran y sin embargo... jamás me vi capaz de ello, ni me lo planteé, y ahora...me encuentro aquí. Para mí, todo esto es una experiencia nueva y fascinante que me brindas, te lo agradezco. Un saludo.


Maribel. 29 de agosto de 2009 14:56

     - Interesante tu relato, Mari Carmen. Ya te lo han dicho todo, poco puedo añadir, sólo felicitarte por tan buen texto. Un abrazo.


Mari Carmen. 29 de agosto de 2009 23:38

     - Gracias Maribel. Me alegro de que te guste el relato, sólo soy una alumna aplicada de grandes maestros. Este texto, lo habéis creado vosotros tres. La primera culpable es Alicia que con su enorme entusiasmo y vitalidad me acercó hasta vosotros, y luego, Aster y tú, me enseñasteis a sintetizar textos, y, sobre todo, a esforzarme por dar un giro final sorprendente. Gracias a los tres, os debo una parte importante de mi vida. Besos.


Mari Carmen. 30 de agosto de 2009 08:00

     - Estimado Santiago: No sé si tendrás a bien, volver a introducirte en los comentarios de mi texto, pero lo tengo que intentar. Acepto que en todos los textos, hay que dejar un espacio a la imaginación e interpretación del lector. Es lo bueno de los libros, crea una interrelación entre el autor y su lector, distinta según la visión del lector. Pero...¿el complejo de Electra? Me gustaría saber cuales son los signos que te han llevado a esa interpretación. Siento una gran curiosidad.

 

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