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Novela Interactiva


 

Título de la entrada: UN VIOLONCHELO EN LLAMAS
Autor: Elvirita Robles
Fecha de la entrada: Miércoles, 2 de Septiembre de 2009
Lugar: BLOGGER

 



Capítulo 21 º

       Mi padre toca el violonchelo. Ahora, seis años después, hay veces que no sé si habla o si está interpretando alguna partitura. Sólo cuando el alcohol le transforma en una serpiente se diferencia el uno del otro.
       Al principio él me enseñó a amarle. Puso ante mis ojos, mis oídos, incluso ante mi olfato, todo su saber, toda su experiencia en el arte de vivir. Os juro que odiaba a mi madre, la odiaba tanto que no me hubiera importado nada que se muriera. Ella siempre estaba en medio, siempre suplicándome que la mirara, que la besara.
       Pero esto duró lo que duró, hasta que la Comisión de Adopción dijo sí. Luego todo fue distinto. Luego él no me volvió a sacar de paseo. Perdí de golpe aquellas bellísimas caminatas bajo los árboles amarillos y rojos. Perdí el placer de ir escuchando la partitura de la descomposición de las hojas caídas. No me sentó más en sus rodillas y ni me contó los cuentos más bonitos que nadie pueda contar. Dejó también de besarme en la frente, de decirme que mis ojos eran la luz más excelsa de la mejor noche de primavera.
        Nunca he sabido por qué ocurrió esto, si fue premeditado o no. Sencillamente ocurrió. Y claro, nos distanciamos, creció entre ambos un muro de cristal blindado. Nos veíamos, sí; incluso nos dábamos besos de padre a hija, de hija a padre. Pero no era lo mismo, desde luego. La verdad es que todo aquel fuego del principio se había desvanecido.
       Él empezó a beber y yo a verla a Ella. Ella llegó cuando más la necesitaba. Estaba sola, en medio de dos adultos que discutían continuamente, por todo.
       El primer día que toqué su mano, sentí frío. Sí, estaba helada. Pero, precisamente por eso, todo mi cuerpo se reactivó. Sentí un calor líquido mezclarse con mi sangre. Cogida de su mano salimos al parque, vimos a los otros niños, la inconsciencia de los otros; siempre aferrados a la mano de sus padres.
       Ella me llevaba. Mira, toca eso. Y yo lo tocaba. Y yo sentía que era suave y que toda yo era suavidad. Mira, chupa eso. Y yo lo chupaba. Y yo sentía lo dulce, lo amargo, lo salado y que toda yo era dulce, o amarga, o salada.
       Así hasta un uno de abril de hace ahora dos años. Aquel día, en el colegio, ella me pidió que pegara a una niña, a mi mejor amiga, a Sandra, la del pelo paja y ojos cielo. Y lo hice. Le di fuerte, con todas mis fuerzas. Luego me hizo beber sus lágrimas, y toda yo fui lágrima.

 

       Mi padre toca el violonchelo. Y yo no siento nada. Eso sí, voy diferenciando ya las notas. Do cabreado, Do malhumorado, Do nervioso, Do ni lo mires, Do bronca.
       Mi madre ha aprendido a zurcir. Se pasa las horas muertas junto a la ventana, con la aguja en la mano, callada como una muerta. A veces me mira y veo ternura en sus ojos, como si la violencia del violonchelo no significara nada. Otras la veo caer a plomo, como a la mosca, sobre el baldosín del suelo. Su sangre es roja, como la de la niña pelo paja y ojos cielo.
       Cuando Ella lo manda bebo sus lágrimas, y toda yo soy mi madre, y siento como que hay dentro de mi todavía y pese a todo los rescoldos de una hoguera. A veces, sí, siento un poco su calor.


5 comentarios:

Mila. 2 de septiembre de 2009 05:19

       - Hola, Santiago. Con el tema de Elvirita Robles me hago continuamente esta pregunta: ¿Qué hace una chica como yo, en un sitio como éste?... No consigo entender de lo que va el asunto. Seguramente, el problema es mi torpeza, o quizá, los culpables de mi falta de entendimiento sean el sol y el mar que me han deteriorado las neuronas, ja, ja, ja. Te llamaré para que me lo expliques. Un abrazo.


David Nihalat. 2 de septiembre de 2009 07:45

       - Es muy bueno. Incluso desde el punto de vista de una narración clásica. Todo lo que tocan los dioses menores suele estar mas cerca del Hombre. Y, sin duda, hay un dios menor detrás de la escritura de esta parte del relato. ¿Mi pregunta es? ¿Cuántos de los que nos consideramos escritores somos, también, verdaderos lectores? El autor lo es, desde luego. Aunque según me comentó un buen amigo suya a veces tenga que leer hasta en el autobús. Con los saltos que daban los de antes...


Alicia. 2 de septiembre de 2009 14:28

       - Elvira, sin saber cómo ni porqué, admiraba, adoraba, quería,...amaba a su padre. Según Freud, si al cumplir seis años la niña, es la etapa de posible afloración de esta pasión desmedida, no ha conseguido canalizarla, se trataría de un complejo de Elektra no resuelto. Esto es lo que ha provocado los trastornos mentales en Elvira. Al llegar a la edad en que se hubiera debido difuminar tal vínculo de forma natural, su padre empezó a beber de otras fuentes, y no precisamente de las de la sabiduría. Una puerta que debía haber sido cerrada, quedó abierta y Ella, ojo avizor, aprovechó la oportunidad y entró. Cuando la deseperación invade un "ven" tiene por respuesta un "voy" sin condiciones. Y nosotros seguimos tras de ella. Su nuevo comienzo será nuestro final. Hoy creo que he visto las cosas más claras que ayer. Un abrazo a todos.


Manuel. 2 de septiembre de 2009 18:22

       - Santiago, me ha encantado este tramo del relato. Según Alicia caemos en lo que ya apunté hace días: la nena odiaba a su mamá y amaba a su papá. Se llame o no Elektra. El caso es que pobre señor parece buen tipo. Y sensible, con eso del violonchelo. Pero me temo que cabará entre rejas acusado de incesto. Felicidades, en serio. Un abrazo.


Antonio Castillo. 3 de septiembre de 2009 09:30

       - Resulta maravilloso conocer tu historia a través de tus propias palabras, Elvirita. Por cierto, que madura pareces, yo si no te conociera a través ya de tantas otras plumas, te echaría más de cincuenta años, y una cabeza muy bien amueblada, se ve que, a tu corta edad has profundizado en los clásicos. Yo también me imaginaba una infancía desgraciada, aplastada por unos malos progenitores, o quizás no tan malos, pero lo suficiente para tu exaltada sensibilidad. Sin duda ese es el origen de gran parte de las patologías mentales que luego arrastran los adultos. Quería aclarar a Mila que todo este rollo comenzó a partir de un relato de Santiago titulado "Tres días tristes". En él se contaba la historía de la pobre Elvirita, una niña que estaba a punto de volverse loca. El "dire" nos proponía le enviasemos relatos para arreglar aquella desesperada situación. Lo que pasa es que no se ha conformado con eso, por lo visto Elvira ha cobrado vida, Santiago ha sido secuestrado, y en su lugar escriben una seríe de personajes mitológicos que sospecho son él mismo, más algún expontaneo infiltrado. Se ha formado un embrollo de aupa, pero por lo visto todo es en aras de dar dinamismo a la obra internaútica que se está fraguando, que será firmada por Erabradomín a una.

 

 

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