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Título de la entrada: LA ESPAÑOLA
Autor: Santiago Solano
Fecha de la entrada: Miércoles, 9 de Septiembre de 2009
Lugar: BLOGGER

 



Capítulo 27 º

       Me despierto en medio de la noche. Las contraventanas están abiertas. La luz de la luna siembra sobre la mesa atestada de papeles una luz menguante. Hay un rescoldo desnudo bajo las cenizas blancas de la chimenea. Hace frío, tengo la piel de gallina. Me he dejado la tapadera del tonel sin ajustar. El aire está también borracho de cerveza. Me duele el cuerpo todo, y tengo un martilleo cosido en la sien, un latido regular de dolor que marcha al compás de los de mi corazón. Me levanto. Pero no duro mucho de pie; antes de dar el primer paso resbalo. La humedad sobre la pizarra del suelo tiene eso. Caigo sobre el jergón, afortunadamente. Resoplo de impaciencia.
       Ahora ya estoy despierto del todo. Voy a la puerta, la abro y siento el frío de la nieve y la quietud, a partes iguales, sobre mí. Tirito, pero no cedo. Salgo al exterior, como estoy, descalzo, con el hábito remangado, mostrando el calzoncillo de invierno, blanco agrisado, con algún zurcido que otro aquí y allá. Llego al árbol más próximo, veo la letrina, me bajo el calzón, me encuclillo. Oigo el rumor líquido caer sobre la tierra. Sigo tiritando, pero no me importa. Hurgo en el bolsillo, encuentro el papel. Lo utilizo. Me arremango la ropa interior. Luego me quedo mirando la caída de la montaña, toda blanca, bajo la luz de una luna llena sobre un cielo estrellado. Ya no siento nada. Mi cuerpo acepta el tormento. Miro el mar blanco, y la niebla que sube, lenta e inexorable desde el valle.
       Ahí recuerdo el primer día que la vi, hace ya tanto tiempo que no sabría precisar ni en qué año ocurrió. La habían traído de España una semana antes, para casarla con Sir Angus de Brothock. Yo paseaba por el malecón, como cada día, las manos a la espalda, envuelto en mis pensamientos de independencia, en mi escuela racionalista. Fue toda una sorpresa, un arrebato de amor. Esbelta, erguida, con una mirada verde esmeralda sobre una sonrisa de dientes blancos, uniformes, casi infantiles. Venía con su doncella, desde la niebla del puerto, hacia mí. Toda una aparición: de repente, al paso, durante una fracción de ese tiempo muerto que marca la locura en una mente lúcida. Pasó a mi lado sin decir nada. Sólo inclinó la cabeza con una reverencia mínima. Su doncella, inglesa, sí que tuvo las palabras obligadas para con mi dignidad. Ella no. Luego, con el correr del tiempo supe que no hablaba entonces nuestro idioma; y que era muy reservada, tanto que a veces parecía incluso que tuviera problemas para hablar. Y más acá en el tiempo, cuando conseguí ser su confesor, toda la verdad de una infancia de sufrimiento, toda la alegría de una restauración en la fe. Y finalmente aquello, aquella duda que enfangaba su matrimonio.


       Luego vuelvo a la cabaña, arrastrando la pesadez de unos pies amoratados, el dolor de unos pies que apenas siento. Lleno de nuevo la jarra de cerveza, me la bebo de una única alzada y me dejo caer sobre el jergón. El sueño sin sueños va entrando en mí. Siento como si me diluyera para siempre en la nada.


6 comentarios:

Han Solo. 9 de septiembre de 2009, 5:16

       - ¿Es verdad eso de que "la española cuando besa es que besa de verdad"?... Ahora no puedo entretenerme en comentar su agudo relato, pero soy ( a pesar de que Harrison Ford, de joven, aparentemente da otro perfil) un lector empedernido pues, en mis viajes espaciales, con el piloto automático, en los trayectos largos la nave va sola. Pero no se me da demasíado bien escribir, al contrario que a mi amigo Lucas, Luke Skywalker, que le ha puesto un testamento en lo del retorno del Yedi (mire, yo lo pongo como ustedes, en su idioma)... Eso sí, como su española, al parecer, está adjudicada, ¿podría presentarme alguna otra ?


Santiago Solano. 9 de septiembre de 2009, 23:51

       - Sé que estáis agotados. Tranquis, parad. Yo, ya sabéis, no puedo.


Enrique Gracia Trinidad. 10 de septiembre de 2009, 2:18

       - Tú lo has dicho querido Santiago: ¡agotados! Yo ando como el vago ese que miraba, mano sobre mano, apoyado en una tapia cómo se esforzaban los albañiles y decía: ¡cómo trabajamos los españoles... es que acaba uno desriñonao! Yo os veo escribir tanto y tan bien que me dan ganas de tirarme en el sofá y ya me avisaréis para comer. Abrazos.


David Nihalat. 10 de septiembre de 2009, 7:48

       - Hay dos tipos de agotamiento: el mental... y el físico. Espero que a ambos no se una el químico. Eso significaría que las neuronas no nos funcionan...Y no podríamos recoger impulsos y trasladarlos a la creación. Con un poco de hierro y vitaminas esto último se puede evitar. Y durmiendo más, señores, que hay que dormir un poco más. Pregúntenle a su médico-escritor. ¿Verdad Manuel? ¿Verdad Port?. (No os olvido, sigo aquí, en las antípodas, apasionado por ese mundo fantástico estaís creando con la Blogsfera)


Mila. 10 de septiembre de 2009, 9:55

       - "ESE TIEMPO MUERTO QUE MARCA LA LOCURA EN UNA MENTE LÚCIDA"... Una frase bellísima, dentro de un excelente relato. Me encanta leeros, Santiago. Pero, últimamente es a lo que dedico casi todo mi tiempo...¡Madre mía, qué vicio! Un beso.


Santiago Solano. 11 de septiembre de 2009, 3:12

       - Gracias, amigos, por estar aquí. Un abrazo.

 

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