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Novela Interactiva


 

Título de la entrada: AL FINAL DE UN CALCETÍN
Autor: Félix Ramírez
Fecha de la entrada: Sábado, 22 de Agosto de 2009
Lugar: BLOGGER

 



Capítulo 4 º

     — ¡Ah, claro, la profundidad! Tienes razón – replicó el doctor — Está tan dentro que yo, con estas gafas que llevo, no puedo verla. Pero, quizá, tú podrías ayudarme a que pudiera observarla. ¿Lo harías?
     — ¿Cómo?— contestó la niña, llena de curiosidad.
     — Verás. Esa mujer se esconde al final de un calcetín invisible para que nadie pueda atraparla. Sólo las personas muy listas como tú puedan verla porque sabéis mirar justo por el agujero del calcetín.
     — ¿Calcetín? La señora negra no vive ahí.
     .— Sí, sí que lo hace. Está en el fondo de él. Es como cuando se te mete una piedrecilla en el calcetín y se escurre hasta el final. Está ahí, molesta, hace daño, sufres con ella, pero sólo la ves cuando aciertas a mirar justo por el hocico de la media. Por eso yo ahora no puedo verla. Tú sí, porque eres más inteligente y sabes mirar exactamente por el túnel del calcetín. ¿Me ayudarías a atraparla?
     —Sí – balbuceó la chiquilla. ¿Cómo?
     — Será fácil. Como su calcetín es invisible, pondremos otro que sí veamos justo por encima y haremos un nudo enorme en su extremo para que la mujer no pueda escapar jamás. Mira, yo pondré este gran saco negro justo debajo del lugar que tú me digas.
     Por un rato, el hombre y la niña movieron la bolsa de basura industrial que, por un casual había en la consulta, por toda la habitación. Un poco más allá. Un poco más aquí. No, ahí no. Casi, casi, pero se ha movido. Justo ahí, al lado de la cama…
     Finalmente, la pequeña asintió con la cabeza, sin atreverse a pronunciar palabra. El doctor, con grandes aspavientos, levantó el borde de la bolsa e hizo tres nudos.
     — ¡Mira! – gritó exultante — la hemos pillado. La hemos pillado. Ella y su calcetín invisible están dentro. Ésta ya no se nos aparece nunca más.
     Elvira sonrió y pareció que su mente se despejaba de brumas por un instante.
     — ¿Y, si viene otra? ¿ qué haremos?
     — Tengo miles de sacos y de calcetines.
     El psiquiatra acarició la frente de la niña.
     Hicieron falta otras trescientas ochenta y siete bolsas y unos años de tratamiento con pastillas ricas en litio pero, un día, Elvira descubrió que la dama negra se había perdido para siempre entre recuerdos vagos.

 


3 comentarios:

Emilio Porta. 23 de agosto de 2009 05:00

     - La "organización de lo cotidiano" siempre trata de poner trampas a la locura para que no se escape y haga que el caos ( el mayor orden, el orden cósmico, aunque nosotros lo percibamos como simple bóveda de nuestros intentos ) no destruya la sociedad, las sociedades, que hemos ido creando para sobrevivir. Este relato me parece extraordinario porque refleja - con una magnífica prosa - el intento de adaptar a los inadaptados, el deseo de que la fuerza del mal, así la hemos llamado, no rompa la cotidianidad. Elvirita es un ser especial, pero también lo es el psiquiatra que trata de que el miedo no nos venza, que trata, a través de su propia imaginación, de entrar en el juego de la niña y convencerla, con sus propias armas, de que la muerte, el daño, el mal, puede ser encerrado en una bolsa de plástico, en todas las bolsas necesarias, y ser arrojado definitivamente a las tinieblas. Pero las tinieblas, el lado oscuro, son la otra parte de la luz y el psiquiatra, aunque trate de engañar a Elvirita, seguramente sabe que las sombras atraviesan las paredes y que hay que convivir con ellas. Extraordinaria aportación de Félix Ramirez a este intento colectivo que empieza a tomar cuerpo más allá de cualquier receta, más allá de nuestros propios pensamientos.


Santiago Solano. 24 de agosto de 2009 09:44

      Gracias Félix por este texto tan imaginativo, y tan cotidiano a la vez. No sabía que en los hospitales psiquiátricos abundaran las bolsas de basura; pero es un método extraordinario. Prometo ponerme todas las noches una bolsa en la cabeza para ver la televisión, a ver si se nos va un poco de la locura que tiene este mundo. Oye, y ya que estamos en esto, por qué no proponemos la eliminación del mal con este método. Le enviamos una carta de ESCRITORES EN RED al gobierno, y otra a la oposición/oposiciones, y una bolsa de basura a cada uno , para que tiren ella toda la mierda que están removiendo. Así, a lo mejor, acabábamos con la puñetera crisis. Un saludo cordial.


Félix Remírez. 26 de agosto de 2009 12:57

     - Pues muchísimas gracias.

 

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